SYNC! - Política a 126 BPM

Política a 126 BPM

Manifiesto

1989. Algo crujió en plena autocelebración de un mundo neoliberal y mercantilizado hasta su último rincón. Un mundo que descubrió con estupor que en medio de esos objetos de deseo prescritos desde arriba, con sus banqueros engominados, sus unifamiliares adosados y sus grandes superficies comerciales, en distintos lugares del mundo, multitudes llevaban dias y dias juntandose y bailando como posesos una musica indescifrable en naves industriales abandonadas, prados que doscientos años antes habian sido propiedad comunal o simplemente escondidos en tuneles o debajo de los puentes de enormes autopistas. No habián pedido permiso absolutamente a nadie y en esa misma medida, estaban desafiando el mandato de acatar una cultura y un ocio prefabricados aburridos, predecibles y convencionales.

2011. En una ciudad que se vanagloriaba de convertir la cultura en mercancia, un grupo de vecinas del barrio liberó el antigüo economato, patada en la puerta, generó unas nuevas reglas del juego basadas en el reconocimiento de todo lo que allí entró como propio, donde lo raro y lo nuevo no se sintieron como una amenaza y donde se dió una nueva manera de relacionarse con las otras.

Algo parecido sucedió años antes en la Inglaterra thatcheriana a la que una explosión de raves ilegales masivas puso ante poco menos que un éxodo juvenil masivo del destino como máquinas de consumir y endeudarse que se les tenia reservado, pero tambien sucedió en el Detroit abandonado por el capital y dejado a su suerte, y donde un puñado de jóvenes productores afroamericanos no se resignaron a ser actores de reparto en la implosión apocalíptica de la ciudad y crearon un sonido cargado de un empoderante discurso afrofuturista lleno de fuerza y sentimiento al que llamarón Techno. Tambien sucedió algo parecido en los clubes underground de los, doblemente estigmatizados, gays afroamericano de Chicago y Nueva York, lugares donde el sonido disco mutó en un código funky recrudecido y acido al que llamaron Acid House, ideal para una celebración de la vida no escapista y no almibarada, consciente y orgullosa de su condición de refugio en un mundo despiadado.

En todos estos casos, las marginadas, las que sobran, las estigmatizadas, las “perdedoras” descubrieron que no estaban solas y no estaban condenadas a vidas preescritas e irrelevantes. Estaban proliferando nuevos ecosistemas y con ellos los rituales acompañarán estas formas de vida. Por el camino se descubrió que una fiesta techno en una nave industrial okupada, que una rave en un prado o en una playa, no son solo momentos de fiesta sin más, no son una forma de desconexión fácil, el DJ no es una superestrella y el dinero no es su fin último.

Retomar la capacidad de definir en nuestros propios términos como nos relacionamos fuera de los lugares que se ha previsto para ello, la capacidad de autogestionar nuestro ocio y, en última instancia de nuestras vidas requiere de un esfuerzo de cooperación continuado y de unas infraestructuras materiales que desde la que construir simultáneamente espacios para que el baile y la música sean parte de los rituales comunicativos que dan cuerpo a una nueva comunidad rebelde.

De parecido estado de ánimo nació el Nodo de Producción de Carabanchel, proyecto político de generación de otras economías que nos dota de herramientas de desprecarización y desde donde generamos las estructuras materiales e inmateriales para sostener los ecosistemas que sostienen nuestras redes de apoyo.

Podremos llamar fiesta a este proceso de construcción y celebración comunitaria a través del baile y la musica a condición de nunca confundirlo con el sucedaneo banal que ofrecen megaclubes y superfestivales, donde el pago de una entrada da derecho al disfrute de una música en gran medida descontextualizada del contexto del que se nutre. Lugares pensados para desconexiones parciales e individualizadas que permitan una fácil vuelta al desierto de lo “real”, de la precariedad, la explotación y la dominación. Tan pronto como el precio pagado por estos servicios profesionales de escapismo deja de tener efecto todo se esfuma sin dejar rastro.

Por eso nace Sync! como una forma de expresión de la ciudad a traves de unas reglas del juego propias que no son las de la mercancia, una manera de abrirse a la potencia de lo relegado, de lo no asimilable, de lo no individual. Sync! nunca podrá ser en espacios concebidos como decorados estandarizados para la fiesta, espacios que no cambien la materialidad de nuestras vidas.

Sync! se situa en esa historia profunda de la música electrónica entendida como vehículo de liberación.

Quien iba a pensar que los sonidos relegados al cajón de lo feo, de lo molesto e inadaptado, encontrarían la manera de juntarse organizadamente, de sincronizarse y llegar a componerse como música.

Quien podría haber calculado que la ausencia de dogmas y normas preestablecidas generaría un nuevo estado de ánimo que impregnaria cada club del planeta.

Quien iba a siquiera imaginar que aquello que el sentido común llamaba ruido se convertiría en la banda sonora de generaciones rebeldes.

Quien iba a pensar que las estigmatizadas, las raritas, las holgazanas, las excedentes encontrarian la manera de juntarse organizadamente, de sincronizarse y llegar a componerse como comunidad política.

Basta ya de placer para unos pocos o saber privado para algunos iluminados. Hacemos y bailamos música para reclamarla, en realidad, para reclamar todo: todo para todas. Música que llama a la desobediencia, a las alianzas políticas, al compartir conocimiento, al #doityourself #doittogether #hazlotodoyhazloya

** Sync! **nace de la unión de ganas de muchas y por eso todo lo recaudado irá a la construción de universos colectivos y redes comunes. Porque la fiesta es para quienes la bailan, la producen, la cuidan y la sostienen. Y lo que esta produce ya no puede arrebartarse de ese común que lo genera.

Como decía SLVJ, bailar puede ser peligroso.